Sé comprensivo, amable y amoroso siempre. Conserva tu ecuanimidad mental.

Contenido elaborado del libro “Sólo Amor”. Pag.: 62 – 66. Sri Daya Mata (SRF) 

La principal ayuda espiritual que podemos ofrecer a nuestros semejantes es convertirnos en personas verdaderamente comprensivas, amables y amistosas. La manera más efectiva de cambiar a los demás consiste en corregirnos primero a nosotros mismos. A medida que nos volvemos más pacíficos, calmados y amorosos, no podemos evitar que estas cualidades influyan en quienes nos rodean.

Existen numerosos métodos para producir un cambio espiritual en nosotros, y el más importante de ellos es la meditación. Debemos esforzarnos por establecer una relación personal con Dios, de manera que, en nuestra consciencia, Él ya no sea sólo un nombre o un Ser remoto, sino una tangible y amorosa realidad. En dicha relación, la persona disfruta de tal seguridad, paz, gozo y amor, que responde a toda situación desde ese estado interior de plenitud. 

Reaccionamos ante los demás, de una manera positiva o negativa, según sus vibraciones. Mas no deberíamos conformarnos con este tipo de respuesta humana, pues estamos en este mundo para tomar plena conciencia de que todos somos almas, hechas a imagen de Dios. 

Cuando nos encontramos ante una persona por la que nos sentimos atraídos de manera espontánea es muy fácil manifestar lo mejor que existe en nuestro interior. Pero también es una gran verdad que el trato excesivamente familiar hace que se pierda el respeto. Al estar con quienes amamos y nos aman, no deberíamos aprovecharnos de ellos. Si aspiramos a un amor perfecto y perdurable, éste debe ir siempre acompañado del respeto. Donde no existe respeto, el verdadero amor acaba gradualmente asfixiado y destruido. Respetar significa recordar siempre que la otra persona es un alma hecha a imagen de la Divinidad. 

¿Qué debemos hacer cuando hemos de permanecer en compañía de personas hacia las que no tendemos a reaccionar de una manera positiva? Supón que alguien está enfadado o resentido contigo. Si posees autodisciplina, ecuanimidad y discernimiento, no añadirás leña al fuego. No perderás tu autocontrol ni tu paz mental sólo porque la otra persona lo haga. Recuerdo el caso de una de mis primeras experiencias aquí en Mount Washington (Los Ángeles, California), cuando me hallaba bajo el entrenamiento de mi gurú (Maestro), Paramahansa Yogananda: 

Al principio, nuestras habitaciones no tenían alfombras y estaban escasamente amuebladas: cajas de naranjas para guardar nuestra ropa, una dura cama de madera como las que todavía usamos, una silla recta y nada más. Una dama que estuvo durante un breve período en Mount Washington asumió la tarea de amueblar las habitaciones de los devotos, y así lo hizo, con excepción de la mía. Esto no me molestó, porque yo no había venido en busca de objetos materiales —ya los había tenido en el mundo—. Pero Guruji (Paramahansa Yogananda) se dio cuenta de la exclusión, porque él siempre se percataba rápidamente de cualquier injusticia. Él jamás hablaba mal de nadie; sin embargo, en beneficio de mi propia comprensión, me dijo: “Está celosa de ti”. 

En cada oportunidad que tuve, empecé a practicar lo que Paramahansa había enseñado respecto a como comportarse con aquellos que no nos aprecian: “No importa cómo te traten, continúa enviándoles tu amor”. Y adopté la actitud siguiente: “No busco nada de los demás, excepto de Dios y de mi Gurú”. Por lo tanto, esta persona no podía lastimarme. Puesto que no esperaba nada de ella, su manera de tratarme no podía contrariar mis deseos. Lo que yo buscaba me lo daban mi amado Dios y mi Gurú. Así pues, en todas mis meditaciones, visualizaba a esta devota envuelta en el amor y la luz espiritual de Dios. 

Un día, después de algún tiempo, ella comenzó a sentirse sola e infeliz. A quienes habían recibido sus atenciones les resultaba difícil el trato con esta persona y se habían apartado de ella. Casualmente nos encontrarnos en el vestíbulo. Me habló, y yo le dije algo que debió de confortarla. 

En una ocasión posterior, me pidió que nos viésemos, y conversamos de nuevo. Me abrió su corazón y finalmente dijo: “Desde que llegaste aquí, me sentí disgustada porque rebosabas un entusiasmo espiritual del que yo carecía. Pero, a pesar de la forma en que te traté, tu me has ofrecido comprensión y verdadera amistad”. Comprobé entonces cómo cambian las personas si mantienes continuamente una actitud amorosa hacia ellas. En innumerables ocasiones de mi vida he podido constatar esta verdad. 

No le des importancia a la forma en que te traten los demás; preocúpate sólo de tu propia conducta. Jesús, Paramahansa Yogananda y todos los grandes maestros enseñaron este ideal. Existe una manera apropiada de reaccionar en cada situación de la vida, tanto hacia los que nos aman como hacia quienes no lo hacen; a esto se refería el Señor Krishna cuando alabó la ecuanimidad como una virtud esencial. “¡Oh Arjuna!, el hombre que permanece sereno y ecuánime frente al placer y al dolor, aquel al que ninguno de éstos puede perturbar, sólo él es apto para alcanzar la eternidad”. Él no dijo: “Conserva tu ecuanimidad mental si los demás son amables y afectuosos contigo”. Eso es fácil de llevar a cabo. Lo que el Señor Krishna enseñó es que debemos mantener nuestra ecuanimidad ante cualquier circunstancia. Al poner en práctica esta verdad, comprobarás que obtienes resultados positivos. 

Todo ser humano ha atraído hacia sí cada circunstancia de su entorno ─incluidas las personas que le rodean─, y las experiencias que se derivan de éste son esenciales para su crecimiento personal. La persona puede reaccionar de una manera positiva y beneficiarse de su entorno, o hacerlo de una forma negativa y sufrir las consecuencias. Siempre podemos elegir una u otra opción, porque poseemos (aparentemente) libre albedrío. Pero en última instancia, Dios nos ha colocado a cada uno en el lugar donde nos encontramos, por medio del funcionamiento de sus leyes cósmicas, en respuesta a nuestras propias acciones. 

“Sólo Amor” Pág. 62-66. Sri Daya Mata (SRF) 

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