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Artículo sobre Canvi en la revista Discovery Salud en julio del 2005 PDF Imprimir E-Mail

 

Sobreviven al cáncer... y al diagnóstico de sus oncólogos

 CanVi -en catalán "cambio"- es una organización no gubernamental (ONG) nacida en Barcelona constituida por un grupo de enfermos de cáncer que un día decidieron afrontar su enfermedad al margen de los tratamientos convencionales. Unos porque, desahuciados por los oncólogos y enviados a su casa a morir, decidieron no resignarse y buscar alternativas. Otros porque prefirieron apostar desde el principio por soluciones menos traumáticas y agresivas que las propuestas por la Oncología. Su objetivo es ofrecer apoyo psicológico, emocional y espiritual al enfermo de cáncer, darle información sobre cómo afrontar la enfermedad con métodos naturales y terapias alternativas, y divulgar -a través de sus historias personales- el mensaje de que es posible vencer al cáncer con métodos naturales incluso tras haber sido desahuciados por los oncólogos. ar su enfermedad al margen de los tratamientos convencionales. Unos porque, desahuciados por los oncólogos y enviados a su casa a morir, decidieron no resignarse y buscar alternativas. Otros porque prefirieron apostar desde el principio por soluciones menos traumáticas y agresivas que las propuestas por la Oncología. Su objetivo es ofrecer apoyo psicológico, emocional y espiritual al enfermo de cáncer, darle información sobre cómo afrontar la enfermedad con métodos naturales y terapias alternativas, y divulgar -a través de sus historias personales- el mensaje de que es posible vencer al cáncer con métodos naturales incluso tras haber sido desahuciados por los oncólogos.

Hacía falta su iniciativa. A menudo los enfermos de cáncer acostumbran a vivir su enfermedad con terror y en soledad, a veces incluso con vergüenza por el deterioro físico causado por la enfermedad y por una especie de sentimiento oculto de culpa que aparentemente les hace merecedores de tan cruel castigo. Inmersos en la angustia, lo habitual ha venido siendo dejar toda iniciativa en manos de sus oncólogos, fiarse ciegamente del sistema establecido y someterse con miedo y esperanza a los tratamientos convencionales. Fuera de su alcance quedan propuestas alternativas que, como las presentadas en el I Congreso sobre Tratamientos Complementarios y Alternativos en cáncer recientemente celebrado en Madrid, son silenciadas por los medios de comunicación y, desde luego, ignoradas por la mayoría de los oncólogos. Sin embargo, son muchas las personas que han conseguido superar la enfermedad utilizando métodos diferentes y con bastante menos sufrimiento físico. Y eso que recurrir a nuevas opciones de tratamiento es un derecho que sistemáticamente se les niega a los pacientes a los que se les oculta información y en algunos casos incluso se les coacciona moralmente llegándose a la amenaza de negarles la realización de pruebas diagnósticas cuando reconocen estar tomando o usando algún producto al margen de lo señalado oficialmente. De esta forma se les aísla en su dolor y se anula su voluntad.

Así ha sido... hasta hoy. Porque en Barcelona un grupo de enfermos que saben que la curación del cáncer es posible con otras terapias; que fueron enviados a sus casas a morir después de seguir los protocolos habituales -cirugía, radioterapia y quimioterapia- que buscaron -y encontraron- para sobrevivir respuestas diferentes a las que escucharon por boca de sus médicos, que creen firmemente que el enfermo tiene derecho a estar plenamente informado y a tener siempre la última palabra por lo que han decidido poner en marcha una hermosa iniciativa: crear una ONG de ayuda al enfermo de cáncer llamada CanVi (Cambio). Sus promotores la definen como "una agrupación de personas que han superado el cáncer utilizando su poder interior y que quieren que sus experiencias y aprendizajes sirvan para que otras personas afectadas por la enfermedad puedan mejorar su salud" Y que ante todo apuestan por la medicina natural si bien consideran válido cualquier método empleado para mejorar la salud.

Los socios fundadores son Alejandro Fajardo -Presidente-, Arturo Lafuente -Secretario-, Carmen Lallana -Tesorera- y Paco Piñol y Francisca de Lafuente -vocales-. De CanVi forman parte personas actualmente enfermas y otras que padecieron la enfermedad hace años así como familiares y amigos de éstas. También pretenden ser abiertos en cuanto a los posibles caminos terapéuticos por lo que su intención es acoger tanto a quienes estén usando exclusivamente medicina natural como a quienes, usando la medicina convencional, participen de la idea de que la curación pasa también por un trabajo interior y, claro está, a quienes decidan combinar las dos tipos de medicinas.

En unos meses estarán plenamente operativos. Hoy son sólo un germen plagado de ilusiones, de energía, de ganas de ayudar a superar las múltiples barreras que un día se levantaran ante ellos. Y son tres los objetivos que esperan alcanzar por etapas.
    1) Dar apoyo psicológico, emocional y espiritual al paciente de cáncer sea cual sea la fase de su enfermedad, tenga un pequeño tumor o un cáncer avanzado. "Cualquier persona que esté sufriendo la problemática del cáncer, ya sea en su propia persona o en un familiar o amigo -nos diría Fajardo- podrá formar parte de la gran familia que ya somos. Aquí se sentirá arropada, protegida y, sobre todo, esperanzada".
    2) Dar información sobre cómo afrontar la enfermedad con métodos naturales y terapias alternativas. "Recogeremos -añadiría- las informaciones de los mejores profesionales de la medicina natural que tengamos a nuestro alcance, siempre desde un punto de vista plural y holístico. Todos los escritos queremos que sean corroborados como mínimo por dos profesionales que no tengan intereses compartidos. Se informará sobre buenos hábitos, buenos alimentos, bienestar psicológico y emocional... Además habrá reuniones de afectados y conferencias gratuitas. Luego será el paciente quien decida cómo usar esa información".
    3) Divulgar, a través de sus propias experiencias, el mensaje de que cáncer no es igual a muerte y de que es posible superarlo con métodos naturales incluso tras haber sido desahuciado por los médicos y enviado a casa a esperar el momento de la muerte.
Historias de las que han querido dejar testimonio en primera persona para los lectores de nuestra revista aunque luego los oncólogos califiquen sus historias de "anecdóticas" (claro que la mayor parte de los pacientes de éstos no pueden contar "anécdotas" similares porque están muertos).

 

Historia de alejandro fajardo, afectado de cáncer de huesos (osteosarcoma).
"Me llamo Alejandro Fajardo Mohedano, tengo 24 años y soy de Barcelona. En julio del 2002 me diagnosticaron un osteosarcoma en el peroné, un cáncer óseo de los más agresivos y mortales. Recibí quimioterapia durante seis meses al ritmo de una semana sí, otra no. Tras esos seis meses me operaron y me cortaron el peroné hasta prácticamente la altura del tobillo sajando también el nervio ciático lo que me supuso la pérdida de movilidad del pie izquierdo. Tras la operación me trataron otros seis meses con quimioterapia, exactamente con el mismo protocolo que antes de la operación. En esas sesiones mi médula espinal empezó ya a acusar tanta quimioterapia y comenzaron a bajarme las defensas. Al acabar el protocolo de quimioterapia me programaron 30 sesiones de radioterapia "por si acaso" (cita literal). Paralelamente a la radioterapia me realizaron las pruebas de evaluación final y salieron mal. Había una recidiva en la misma zona. Consideraron entonces que lo mejor era amputarme la pierna izquierda por encima de la rodilla y dar algunas sesiones más de quimioterapia, esta vez menos agresivas y más cortas. 'Con esa actuación -me dijeron textualmente- el porcentaje de curación es del 98%'. Sin embargo, durante las últimas tandas de quimioterapia me hicieron de nuevo pruebas de control y volvieron a salir mal. En septiembre del 2003 mi oncólogo me informó de que mi osteosarcoma había hecho metástasis pulmonar y añadió que ya no había ningún tipo de tratamiento que pudiera salvarme de una muerte rápida y segura".

"En ese momento de desesperación vino a verme un amigo que me dijo que una amiga suya era una gran experta en Nutrición y que seguramente podría ayudarme. Así que como no tenia nada que perder fui a verla... ¡Y menos mal que lo hice! Porque esa tarde cambió mi vida. Suzanne Powell, la nutricionista, derrochaba alegría y optimismo. Le conté mi caso y mi situación y, lejos de mostrar preocupación, se mostró totalmente confiada en que iba a curarme sin problemas. Me dijo: "Bueno, pues si queremos curarnos pronto tendremos que ponernos las pilas". Ante mi perplejidad y mi desconfianza, Suzanne empezó a contarme su historia. Veintidós años atrás le diagnosticaron un cáncer de útero y le dijeron que tendría que someterse a quimioterapia, radioterapia y cirugía sin que pudieran darle garantías de que se iba a curar totalmente. No podría tener una vida sexual normal ni tampoco tener hijos. Ante esa perspectiva rechazó los tratamientos. Al poco tiempo conoció a un naturópata dispuesto a ayudarla con unas dietas muy estrictas. Puso todo su empeño y energía en utilizar los alimentos para curarse y a los pocos meses se realizó nuevas pruebas. ¡Y había desaparecido todo indicio de malignidad! Desde entonces se dedicó a estudiar Nutrición. Hoy, además de esos conocimientos, Suzanne es experta en una técnica energética oriental conocida con el nombre de 'Zen y Larga Vida'".

"Paralelamente le pedí a Joan, un amigo mío experto en motivación (coaching) y control mental, que me guiara para llevar a cabo una programación de mi subconsciente. Quería desprogramar de mi subconsciente los mensajes de que estaba enfermo y de que iba a morir, y programar encima los mensajes de que estaba sano y de que iba a vivir. Además quería aprender a utilizar técnicas de visualización para mejorar el proceso de sanación".

"Seguí con disciplina la dieta y los ejercicios energéticos que Suzanne me propuso. A nivel nutricional Suzanne me diseñó una dieta depurativa basada en los principios del higienismo que consiste en eliminar aquellos productos que ya el sentido común nos dice que no son los más adecuados: alcohol, embutidos, chocolate, azúcares refinados, refrescos gaseosos, grasas saturadas, etc., y combinar adecuadamente los alimentos para que puedan ser digeridos con mayor facilidad. Y así, poco a poco, el cuerpo se va limpiando de toxinas. Junto a esa dieta Suzanne me recomendó tomar una suplementación dietética para ayudar a depurar mejor y tratar de mejorar mi sistema inmunitario. Estos suplementos eran básicamente vitaminas, inmunoestimulantes y antioxidantes, todos ellos, por supuesto, procedentes de productos naturales. También practiqué a diario ejercicios a base de respiraciones conscientes y meditaciones. Y a nivel mental, como antes dije, llevé a cabo una desprogramación de mensajes negativos y una reprogramación con mensajes positivos. También trabajé con visualizaciones curativas."

"Pues bien, al cabo de sólo dos meses fui a hacerme unas pruebas y los médicos se quedaron extrañados parecía haberse detenido la enfermedad. Al cabo de cuatro meses volví a hacerme otras -para entonces yo ya debería haber muerto- y salió más o menos lo mismo. No se apreciaba un avance significativo de la enfermedad. Volví a los seis meses y pedí que me hicieran una evaluación completa con las pruebas necesarias para determinar exactamente cuál era mi estado. Y concluyeron que seguía más o menos igual que cuando me operaron, hacía ya seis meses. Llegados a este punto los oncólogos tuvieron que reconocer que mi caso era totalmente excepcional y no entendían cómo podía ser posible".

"Los meses siguientes seguí con la dieta y los ejercicios y empecé a trabajar más en profundidad la dimensión psicológica y emocional de mi enfermedad. Aprendí una serie de técnicas y teorías que me dieron herramientas para usar mi mente y mis emociones a fin de comprender mucho más acerca de mí y de mi enfermedad, y desde esa comprensión poder mejorar mi proceso de sanación. Básicamente fueron las teorías y los ejercicios de Louise L. Hay los que me ayudaron a encontrarme a mí mismo y a encontrar las respuestas al porqué de mi enfermedad. Desde esta teoría hice un análisis exhaustivo de mi vida prestando atención a aquellas situaciones pasadas que me resultaron especialmente dolorosas y con esa ayuda conseguí superadas y sanarlas. Conocí así el gran poder curativo del perdón. Tras un ejercicio especialmente intenso de perdón noté con mucha intensidad el dolor en un tumor de seis centímetros que tenía en una costilla. Al día siguiente desapareció, como por arte de magia y ante mi más absoluta estupefacción. Al poco tiempo, en la siguiente revisión, mi oncólogo se volvía loco palpando y buscando un tumor del tamaño de un huevo que sobresalía de mi pecho y que había desaparecido en unos días".

"Así siguieron las cosas hasta que pasó un año desde que me operaron por última vez. Era ya Octubre de 2004 y todo seguía igual o, incluso, mejor. Mi oncólogo, escéptico desde el primer momento, tuvo que reconocer que, fuera lo que fuera lo que estaba haciendo, tenía unos resultados excelentes y a esas alturas ya consideraba la posibilidad de la curación. Me llegó a decir que si algo de lo que pudiera proponerme él iba a entrar en conflicto con lo que hacía yo rechazara lo que propusiera él sin pensarlo. Hoy en día puedo decir que soy un superviviente. Soy una persona que ha sobrevivido a su propia muerte. No sólo que ha sobrevivido a una enfermedad sino que ha sobrevivido al pronóstico hecho por un grupo de doctores de que iba a morir. En el hospital nadie se explica cómo ha podido ocurrir esto. Yo lo que no me explico es por qué no me informaron de que existían otras posibilidades, otros mundos terapéuticos que descubrir, otras técnicas y terapias que funcionan y pueden curar el cáncer".
Desde hace un año y 8 meses no hay signos de avance de la enfermedad.

Historia de Francisco Piñol, afectado de cáncer de próstata.
"Yo llevaba años controlándome el P.S.A. (antígeno Prostático específico) -empezaría contándonos Francisco Piñol-. De hecho cada seis meses visitaba al urólogo ya que éste aparecía un tanto alterado, con valores de entre 6 y 8 aproximadamente. Y me preocupaba porque tenía antecedentes familiares: mi padre había muerto de cáncer de próstata. Hasta que el 25 de marzo del 2003 me diagnosticaron, mediante biopsia por punción de ambos lóbulos prostáticos, un adenocarcinoma infiltrante en el lóbulo derecho. El urólogo me aconsejó la operación o unas sesiones de Radioterapia. Y en aquel momento decidí que prefería operarme y no ser irradiado. Sin embargo, una vez tomada la decisión, me empezaron a surgir nuevas dudas. Con lo que decidí no operarme tampoco y buscar otras vías de tratamiento. Tuve que soportar infinidad de presiones, familiares y de amigos, pero yo seguía intuyendo que encontraría otras soluciones. Inicié un proceso de trabajos de relajación y limpieza interior mediante meditaciones y visualizaciones. Además me puse en manos de expertos en medicina alternativa y complementaria, me realizaron quelaciones y tomé una serie de complementos alimenticios además de mejorar mi alimentación". "En octubre del 2003, siete meses después, volvieron a hacerme todos los controles: gammagrafia ósea, analítica, biopsia, etc. Y cuando fui a buscar los resultados la sorpresa, más para mi urólogo que para mi, fue que había desaparecido el adenocarcinoma".
"En la actualidad sigo comunicándome con mis células mediante meditaciones y visualizaciones, y les doy las gracias por lo bien que se han portado conmigo, por haberme ayudado a superar la enfermedad".

Actualmente no hay ni rastro del cáncer.

Historia de Francisca de Lafuente, afectada de cáncer linfático.
"En Junio de 1998 detectaron -nos contaría Francisca de Lafuente-, a través de una revisión rutinaria, que tenía los leucocitos sumamente alterados. Me repitieron la analítica a los 10 días y vieron que seguían subiendo. Así que me mandaron al oncólogo para que me atendiera con carácter de urgencia. Tras nuevas analíticas, pruebas de contraste y una gammagrafía y una biopsia óseas el diagnóstico fue el de cáncer linfático".

"Mi sistema inmunitario estaba tan sumamente bajo en aquel momento que consideraron imposible administrarme quimioterapia así que los dos meses siguientes los dedicaron a subirme las defensas. Debo decir que los tres primeros días tras el diagnóstico fueron muy duros pero como siempre he sido una persona fuerte con las enfermedades comprendí que debía tomar parte activa en la curación de mi dolencia. Y como ya tenía práctica en meditación, control mental, el mundo de las energías, etc., me puse manos a la obra dedicando hora y media -tres veces al día- a meditar y visualizar. Creo profundamente que si usamos bien nuestras capacidades mentales podemos llegar a sanarnos a nosotros mismos".

"Empecé pues por buscar la raíz del problema que había producido mi cáncer. Y en poco tiempo lo encontré: era un sentimiento de culpa muy profundo que había arrastrado durante años. Supe en ese momento que tenía ya un 50% ganado. Continué con visualizaciones realizadas a partir de un estado de relajación profunda. Cuando estaba en ese nivel programaba mi mente para que buscara la curación a través de afirmaciones positivas. A continuación me visualizaba debajo de una catarata y veía el agua cristalina mezclada con luz blanca (energía pura), cómo entraba dentro de mi cuerpo a través del chacra corona y cómo se limpiaba toda mi sangre, todos mis órganos... Es decir, visualicé cómo el agua y la luz arrastraban toda la porquería hasta salir por la planta de los pies y desaparecer. Y añadiré que aunque ahora estoy curada continúo utilizando cada día esa técnica"..

"Bueno, también utilicé -y utilizo- el Reiki que es un sistema de sanación oriental basada en la fuerza del amor a fin de autoadministrarme energía diariamente. Y jamás tuve duda alguna de que todo lo que estaba haciendo me estaba curando. También me trabajé a fondo la aceptación de la enfermedad, la autoestima, el perdón, etc. Bueno, pues al cabo de un mes aproximadamente de hacer eso me efectuaron una analítica y los leucocitos habían dejado de aumentar. Luego, a partir de ese momento, en cada análisis que me efectuaban los leucocitos iban bajando por lo que no me llegaron a administrar ni quimioterapia, ni radioterapia. Hasta que hace aproximadamente dos años las analíticas empezaron a estar dentro de la normalidad. Y así hasta el día de hoy".

"Quiero dejar constancia de que estoy agradecida a la vida por haberme enviado a ese maestro que fue el cáncer ya que a través del mismo pude confirmar las capacidades que tenemos los seres humanos y gracias a ello ahora estoy ayudando con mi vivencia a personas que se encuentran afectadas por la enfermedad".
"En relación con ella quiero añadir que a los tres meses de haberme detectado el cáncer empecé a tener infecciones de riñón (pielonefritis), que me provocaron durante el primer año dos ingresos hospitalarios. Para que el riñón derecho no se dañara me administraban antibióticos diariamente. Me efectuaron todas las pruebas que existen para detectar la causa de las infecciones pero jamás la encontraron (yo, por mi parte, también hacía limpiezas energéticas de mi riñón). Como no encontraron la causa los médicos determinaron que podía ser debido a que mi sangre estaba enferma a causa del cáncer. Estuvieron administrándome ininterrumpidamente antibióticos para prevenir las pielos durante cinco años y cuatro meses. En agosto del 2003 tuve otro ingreso en el hospital porque las infecciones se habían convertido en crónicas. A los quince días del ingreso había hecho resistencia a todos los antibióticos, incluso a los hospitalarios. Llegué a un punto de desesperación tan grande que pedí el alta voluntaria, bajo mi responsabilidad, en contra de lo que opinaba mi doctora ya que ella pensaba que me estaba jugando la vida y así me lo hizo saber".

"Sin embargo, yo lo tenía claro: era mi cuerpo y era mi vida. Así que dejé de tomar antibióticos y fui a ver a una doctora especialista en medicina ortomolecular que empezó a tratarme y me curó. Hasta el día de hoy no he vuelto a tener ni una sola infección más, mis riñones están en perfecto estado y, salvo la revisiones rutinarias del oncólogo, desde hace año y medio no he vuelto a ningún médico ya que mi estado de salud es perfecto".
Hoy no tiene cáncer ni infección alguna.


Historia de Alicia Cardona, afectada de un tumor cerebral.
"Una mañana, a principios del mes de marzo del año 2003 -nos diría por su parte Alicia Cardona-, inicié la jornada con la rutina de cada día. Me levante, preparé el desayuno, vestí a mis dos peques, preparé los artilugios del trabajo... Todo parecía muy normal hasta que empecé a notar un pequeño dolor de cabeza que iba aumentando segundo a segundo. Al punto de que llegó un momento en el que me encontré incapaz de hacer absolutamente nada. El frío se había apoderado de mí. La mitad de mi cuerpo estaba helado, paralizado, y parecía que la cabeza me iba a estallar. Pedí ayuda. Los abuelos se llevaron a los niños y mi hermano me llevó a Urgencias donde me reuní con mi marido. Me pasé el día allí sometida a todo tipo de pruebas: de reflejos, encefalogramas, análisis, un TAC... Mientras, el dolor de cabeza fue disminuyendo y volví a recuperar la movilidad del cuerpo. Todo parecía pues volver a la normalidad. Pero entonces "salió" el resultado del TAC: en mi cerebro se apreciaba una mancha negra. Y se manifestó después una parálisis facial derecha. Así que a la una de la madrugada decidieron ingresarme en la planta de Neurología para intentar establecer un diagnóstico claro. Esa mañana, cercana a la primavera, cambió mi vida".

"Estuve ingresada mes y medio, y en ese tiempo me di cuenta de cosas que no había descubierto en años. En el hospital conocí a personas valientes y luchadoras, con tremendo coraje y dignidad. Por la noche nos reuníamos todos en el "casinet" -la sala de espera de los familiares- y hablábamos de nuestras cosas tomando un café o un té de máquina. Ese rato de cada noche hacía que la estancia en el hospital fuera más agradable. Guardo un buen recuerdo de esos días pero echaba muchísimo de menos a mis hijos. En fin, el caso es que me hicieron todas las pruebas necesarias: TACs, resonancias, biopsias, spots... Sólo faltaban los resultados y esos fueron tajantes. ¿El diagnóstico? Tenía un glioma de tercer grado no operable en el hipotálamo. Mi reacción fue encerrarme en el lavabo de la habitación y empezar a llorar. No quería salir de allí. No quería ver a nadie. Y una sensación de vergüenza se fue apoderando de mí. Si los médicos tenían razón y mi vida iba a durar tan poco yo no quería vivir, quería morir allí mismo, sin salir del cuarto de baño".

"Pero nada pasa por casualidad. Mi mejor amiga me presentó ese mismo día a dos personas. Una de ellas había pasado por la misma experiencia que yo. Y he de decir que esa mujer fue el principio de mi salvación. Puso una luz al túnel sin salida donde estábamos metidos mis padres, mi hermano, mi marido y yo. Me habló de la lucha, de las ganas de vivir, de la felicidad, del amor. De terapias alternativas, visualización, meditación, energías. Del equilibrio entre el cuerpo y la mente, del poder de la mente. De la no casualidad. De darse cuenta del porqué del cáncer, de que tenía que luchar contra el cáncer desde el amor..."

"Compatibilicé la medicina convencional con terapias alternativas. Treinta y seis sesiones de radio, ocho de microrradiación cada veintiocho días, quimioterapia... y lo más importante: una visualización cada día. Cerrar los ojos, una playa de arena fina, mar azulado y agua templada. Me imaginaba cómo el sol entraba por mi cabeza (energía pura) y su calor iba haciendo mella en mi, que su poder era tal que el tumor se estaba deshaciendo al igual que un helado. Otras terapias que he utilizado han sido el "Zen y Larga Vida", la meditación, la Cromoterapia -todo ello con una oncóloga que prefirió apostar por la medicina energética- y la más utilizada por mi: el Reiki. El primer año las pruebas indicaban que el tumor no disminuía pero tampoco crecía. El segundo hice visualizaciones de una playa en la cual se producía mi total curación y comprendí que tenía que ir a esa playa y hacer realidad la visualización. En agosto fuimos una semana y allí empezó mi total curación. Durante este tiempo me han ingresado varias veces, unas por la quimio y otras por el propio tumor. He tenido altos y bajos, miedo y euforia, llantos y risas. En noviembre del 2004 me ingresaron con dolores de cabeza y un cansancio absoluto. Diagnóstico del TAC de Urgencias: una gran mancha en el cerebro. Si era un crecimiento del tumor yo no pasaba de dos días; y si era un sangrado era demasiada sangre para reabsorber. Pero fue el momento más claro de mi curación. Cada día me sentía mejor, más fuerte y con unas ganas locas de chillar, de cantar, de expresar mi alegría y de dar las gracias. Salí del hospital el 31 de diciembre del 2004 con dos resultados. El SPET indicaba la total desaparición de la actividad tumoral y la resonancia magnética que aquella mancha oscura era en realidad blanca y tan pequeña que era imposible determinar qué era. Yo creo que la naturaleza me ha dejado esa pequeña'mancha' para que no olvide lo aprendido gracias al cáncer.
A día de hoy el tumor en el tálamo ha desaparecido.


CONCLUSIONES
Podríamos recoger más casos pero el espacio es limitado. Ninguno sería igual, en cualquier caso, porque cada persona es diferente como lo son sus circunstancias psico-socio-emocionales. Quienes han contado aquí sus historias saben que son sólo casos "aislados" pero también son conscientes de que demuestran la existencia de otras maneras de enfrentarse a la enfermedad cuyo conocimiento estaba hasta ahora reducido a círculos íntimos de familiares o amigos. Son testimonios además que dejan en evidencia a quienes osan poner fechas para el desenlace final de sus pacientes fiados en la fría certeza de la estadística. Por otra parte, sus testimonios no sólo nos hablan de tratamientos alternativos sino de aprender a vencer el miedo, de superar la invitación a esperar la muerte resignados, de aprender a perdonar, de cambiar de forma de vida, de entender que la enfermedad es una maestra, de aguantar la presión de esa gente que cree saber mejor que uno mismo el tratamiento que nos conviene o no seguir y de recuperar, en definitiva, la libertad de elegir cuando es nuestra salud y nuestra vida las que están en juego.

En esta primera etapa la principal y casi única actividad de CanVi es una reunión mensual en la que enfermos, ex-enfermos, terapeutas, familiares y amigos comparten sus vivencias y experiencias con el fin de que las personas que padecen cáncer encuentren con mayor facilidad su propio camino de sanación y crecimiento. Reunión que tiene lugar los últimos viernes de cada mes y que está abierta a todo el que, directa o indirectamente, esté afectado por la problemática del cáncer. Más adelante habrá en CanVi un espacio de intercambio de información y de vivencias que quizás sólo otros enfermos puedan entender.
Ciertamente atravesamos tiempos nuevos en los que es cada vez más habitual hablar de terapias eficaces desarrolladas por personas que hace sólo unos años eran tachadas de embaucadoras. Hoy cada vez más gente exige ya saber qué otras posibilidades hay de luchar contra el cáncer además de las que se utilizan en los centros hospitalarios. El cambio -CanVi- ha llegado porque ya son muchas las personas que, cansadas del silencio y de tener que resignarse a lo que los otros determinan para ellos, han acabado rebelándose contra la doctrina única, contra el pensamiento único que en este país sólo subsiste ya en el mundo de la Sanidad. Especialmente en el ámbito de la Oncología.


Antonio F. Muro

 
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